Me respondió con evasivas, para finalmente sentenciar.
- Jim, Kathelin fue enviada mucho tiempo atrás, con la misión de contribuir a la seguridad de Marte, no para buscar a los Espaciales. Cuando se te envió a Marte pensaron que lo mejor era no decirte nada de su presencia.
-¿Acaso no confiabais en mí, George? - respondí acaloradamente.
-No es eso hijo, la robot, quiero decir, Kathereen actuaba de forma independiente, y…- yo no podía seguir escuchando esas mentiras y le interrumpí.
-Eso no es cierto, conocía detalles de mi misión que ni yo mismo sabía, ¿quién le informó?
-Aún no lo sabemos, pero créeme que lo estamos averiguando, ya ha pasado antes. Los robots acceden a nuestras bases de datos y descubren cosas que no deberían saber. Ahora olvídate de todo esto Jim, Kathereen ya es historia y tu misión ha concluido. Deja que ahora la Compañía se encargue de todo.
A regañadientes afirmé con la cabeza. Era evidente que George estaba metido hasta el cuello en todo esto y no conseguiría sacar de él más información.
Pero sabía que estaba cerca de la respuesta. Fue entonces cuando recordé las palabras del espacial, la aparición de aquella palabra en los monitores.
- De acuerdo George, pero dime una última cosa antes de irme, ¿qué sabes de la terapia utilizada en aquellas desgraciadas madres del siglo XXIII para que no tuvieran descendencia?.
- No se a que viene ahora eso Jim, quizás en otro momento, ahora no dispongo de los datos concretos sobre aquel hecho y tengo una importante reunión. Solo se lo que se nos enseño en los libros de historia y claro, he podido acceder alguna vez a más datos, pero hasta la fecha no lo he hecho en profundidad.
El viejo de George quería quitarse la patata caliente de encima de una manera un poco torpe. Estaba claro que no quería entrar en detalles. Pero yo no desistí.
- La palabra nanotecnología ¿te dice algo George?.
Era evidente por su lenguaje corporal que a George esa palabra no le traía un buen recuerdo o al menos no le gustaba mucho el oírla. Tras un rato realizando extrañas muecas, como si hablará consigo mismo, se levanto violentamente de la hamaca y pidió desactivar el ambiente virtual en el que nos encontrábamos.
Sin decir una sola palabra escribió una nota en su agenda digital y me pidió que me acercara para leerla.
En ella había escrito en mayúsculas “NO VAYAS POR AHÍ, TE MATARÁN”.
Nos miramos durante unos breves segundos y entonces comprendí que había hallado la respuesta que estaba buscando.
- ¡ George, no me iré, no al menos sin que antes me digas que fue lo que realmente paso ¡.
- Lo siento Jim, no crees que es mejor dar una vuelta, dentro de está máquina se esta poniendo el ambiente, digamos, un poco cargado e irrespirable.
- No, espera. Quiero seguir aquí y lo que tengas que decirme lo pueden oír todos aquellos que quieran.
George miró en todas la direcciones y su cara quedó desencajada.
- Esta bien hijo. Te contaré lo que se. Nuestros antepasados no tuvieron otra posibilidad, se enfrentaban a la desaparición de la raza humana. Es evidente que su decisión de utilizar la nanomedicina fue un tanto ingenua, ellos no conocían las posibles consecuencias.
- ¿De qué consecuencias me hablas George? - respondí acaloradamente.
- La nanotecnología nos hizo ser más fuertes, no padecer enfermedades y vivir más, incluso acabar con las guerras, quizás no de una forma directa, pero si lo hizo, ¡ nos convirtio en una raza mucho mejor, Jim.
Un baile de preguntas me empezaron a circular por la cabeza. Como era posible que George no viera o no entendiera las consecuencias de lo que me estaba diciendo. Habiamos vendido nuestra alma al diablo y aún asi tenía la cara dura de argumentas las bondades de aquel terrible error.
Decidí seguir apretándole. Tenía que llegar hasta el final del asunto.
- Si, pero a cambio nos convertimos en robots y otra cosa aún más importante, ¿por qué no se informo a la población?. Y no me vengas con chorradas George. Todos sabemos que la codicia y el poder suponen dos grandes motivaciones para ejercer niveles excesivos de control.
- Como si fuera fácil de explicar Jim, pero ya que me lo pides lo intentaré. Y no pienses que antes he intentado engañarte, es verdad que no se mucho de ese asunto, ha pasado mucho tiempo de aquello.
Tras una breve pausa continuó
- Se sabía que las nanopartículas, una vez en el organismo -tras haber sido inhaladas, ingeridas, inyectadas o absorbidas por la piel- podían atravesar la barrera hematoencefálica, que evita que sustancias potencialmente tóxicas en el torrente sanguíneo entren en el cerebro. No creo que puedas entender a fondo lo que te estoy diciendo. Yo mismo solo soy capaz de repetir lo que en su día leí en algunos de esos informe. Pero por un momento imagínate lo que hubiera ocurrido si la gente lo hubiera sabido.
Claro – respondí. ¿Y seguro que no se utilizo esa información, poder entrar en el cerebro de la gente, para hacer una serie de correcciones o de modificaciones?
- Claro que no, -George se esforzaba en convencerme- aún no se sabía como controlar esas nanopartículas, pero lo que si se sabía era que solo así podían garantizar el futuro de nuestra raza. Y no somos robots, seguimos siendo humanos, pero evolucionados, mejores, más fuertes, ¿ acaso no te has preguntado nunca por qué ahora se viven cien años más que en el siglo XXI?, ¿por la mierda de alimentación y los buenos hábitos pensarás?, no Jim, todo fue muy bien pensado. Los mejores científicos de aquella época se pusieron de acuerdo e hicieron un esfuerzo considerable, de eso no me cabe ninguna duda.
Mi cerebro estaba a punto de explotar.
¿Me estás diciendo qué era verdad, qué aquellos científicos habían decidido manipular el cerebro de nuestros antepasados y además gracias a estas terapias con efectos agudos adversos y consecuencias a largo plazo habían hecho que los nacimientos fueran suprimidos? ¿Es eso George? Perdona que te lo diga, pero al menos esos han sido los resultados.
Mi mirada ya no era de odio, simplemente de incredulidad.
- ¿Y nadie había sospechado nada hasta ahora?.
Era el mayor complot contra la humanidad que había existido y habían tenido que venir los Espaciales para ponernos al corriente de lo que paso entonces.
Todas las piezas empezaban a encajar, pero seguí haciendo preguntas, tenía que llegar hasta el fondo del asunto.
- Y a los Espaciales, ¿por qué les atacamos?
George parecía un animal indefenso, que estaba siendo acorralado y su tono de voz muy bajo.
- Ellos se disponían a atacarnos primero, solo nos defendimos.
- Pero ese ataque, ¿no fue aquello parte de la trama de aquellos nanorobots insertados en nuestro organismo?, ¿acaso no podían controlar no solo nuestras cuerpos, sino también nuestras mentes, nuestros deseos? –las preguntas se agolpaban en mi cerebro.
- Ellos podían y pueden manipularnos, ¿acaso no lo ves George?.
Tras una breve pausa proseguí.
- No entiendo por qué todavía no me han liquidado o si mi propio organismo lo hará.
¿Por qué no lo han hecho George? Y me quede mirando fijamente a sus ojos, mientras el bajaba la mirada.
- No lo se Jim, pero estás sacando todo esto de quicio. Además de eso hace ya muchos siglos, ahora estamos en paz con la tecnología que llevamos dentro.
-Mierda, los Espaciales tenían razón, solo somos medio humanos.
- Jim, escucha. Ellos nos han ayudado y nosotros a ellos también, ha sido una simbiosis, todos hemos ganado, te recuerdo que la raza humana hubiera desparecido. Tu solo manejas hipótesis. No había más alternativas, se eligió vivir, piénsalo, ¿qué hubieras hecho tú entonces?.
-George, tengo ciertos datos que no he mencionado en mi informe. Esos datos, si son ciertos, hablan de que la gran epidemia fue creada artificialmente por el gobierno.
- Eso no es cierto, ¿de donde lo has sacado?.
- Ellos me lo han dicho, los descendientes de los Espaciales. Y tienen pruebas, llevan siglos almacenando datos. Están infiltrados entre nosotros, esperando el momento de darse a conocer y hacer justicia.
- Entonces, tu informe no es exacto Jim, en ningún momento hablas de eso, además, no te das cuenta que te están manipulando para enfrentarte con nosotros.
George empezaba a perder su diplomática compostura.
Pero a mi eso ya me daba igual.
- Sabes otra cosa George, ellos pueden soñar. Te das cuenta, están puros. Nosotros no soñamos porque los nanorobots no nos lo permiten, no quieren que soñemos, nuestro cerebro está prisionero. Saben que soñar es la libertad, es la clave.
Para ese momento George se encontraba cruzado de brazos, sin ni siquiera querer escuchar lo que estaba diciendo.
- ¡Y quieren ayudarnos, no aniquilarnos!, si eso quisieran lo hubieran hecho ya, su tecnología es muy superior a la nuestra.
Estaba claro, ya no tenía dudas, y si podría convencer a George para que me ayudará seguro que algo podríamos conseguir.
- Yo les creo George, es la única explicación posible. ¿Por qué si no les atacamos?, no tiene sentido, piénsalo. Aquellos científicos nos mintieron, además, hubiese sido mejor haber dejado nuestra existencia cuando todavía teníamos cierta dignidad.
- ¡Y tu dices dignidad! - George levantaba cada vez más la voz.
- ¡A que tipo de dignidad te refieres Jim, ¿cuando los hombres nos aniquilábamos unos a otros?, ¿o cuando la vida humana importaba una mierda?, no te das cuenta que ahora, aunque no seamos una raza pura, somos al menos una raza más humana que la que antes éramos ¡.
Estaba claro que creía en lo que decía. Era parte de ellos.
- Ahora, ante cualquier comportamiento de un perturbado es el propio organismo de cada individuo el que acaba con ese error de la genética. La madre naturaleza no es perfecta, debes admitirlo Jim.
- Pero acaso no te das cuenta George, la evolución de la raza humana se ha debido precisamente a la mezcla de todos esos comportamientos, todos y cada uno han contribuido a hacer lo que somos, o lo que al menos fuimos, han aportada esa toque especial que ha hecho que seamos una raza diferente.
Un robot entró en la sala y entrego a George un sobre. Mientras lo leía proseguí.
- El planeta tierra debe ser de los humanos. Nosotros solo, como poco, somos mitad humanos. Debemos dejar que vuelvan los Espaciales.
- ¡Dejarles volver!, ¿para qué Jim?, - George lanzó con suma violencia el vaso que tenía en la mano contra una de las paredes de la sala virtual - para que nos traten como habitantes de segunda, no te das cuenta que acabaríamos siendo tratados como simples robots, teniendo que cumplir sus órdenes.
- Si, Jim, nos tratarían como a esos robots a los cuales aborreces y siempre que puedes les das un trato vejatorio. George pretendía que pensara como el lo hacía.
- Eso no es cierto, no somos como esos robots – reconocí - Pero aunque así fuera, ellos, los Espaciales son los legítimos herederos de la tierra y en todo caso seremos nosotros quienes deberemos aprovechar la oportunidad que nos conceden para trasladarnos a nuevos planetas o en el mejor de los casos ser habitantes de segunda, acaso eso importaría. No debemos dejar pasar esta oportunidad. Están limpios George, piénsalo.
- Jim, eres un jodido ingenuo y un desagradecido, la Compañía jamás permitirá que eso ocurra. No te das cuenta que no tienes ninguna posibilidad. – George se sentó con abatimiento en una de las sillas de la sala y cambiando de gesto continuó -
- Acéptalo hijo, reconoce tu actual situación, tu misión ha finalizado con, digamos, cierto éxito. Pero maldito seas, ahora parece que tienes otra misión, te has pasado a su bando. Pero aún estás a tiempo, vuelve a la tierra y crea una familia, ten hijos, que más da que lleven dentro miles o millones de nanorobots, ellos no lo sabrán, a menos que tu quieras convertir su existencia y la de todos los humanos en una pesadilla.
- Graciosa antigua expresión George, si no somos capaces de soñar, no podemos tener pesadillas, viejo loco.
- ¡ Además, ni soy humano ni jamás tendré hijos ¡, - me sorprendí respondiendo con total seguridad, ahora era yo el que más gritaba y saberlo me irritaba aún más. - ¡ Y no volveré a la tierra, mi sitio ya no está allí ¡.
Decidí sentarme yo también, debía recobrar la compostura. Tras un minuto de silencio continué hablando.
- Pero antes de irme me gustaría pedirte un último jodido favor. Dile a la Compañía que he decidido tomarme un tiempo antes de volver, necesito tiempo George, investigaré, llegaré hasta el fondo del asunto, no te pido que me ayudes, pero dejame al menos intentarlo.
George asintió con la cabeza.
- Si por mí fuera sabes que no habría ningún problema, tómate todo el tiempo y si quieres, no vuelvas. Pero sabes que ellos no estarán esperándote con los brazos abiertos para cuando quieras volver. Irán a buscarte Jim, y te apartarán.
- ¿Apartar dices? No te das cuenta, estamos siendo dirigidos por unos psicopatas del tamaño de un átomo, no lo ves acaso George.
- Tus pustulaciones son, simplemente, ridículas Jim. Nadie te creerá, ellos se encargarán de desacreditarte, o mejor dicho, desacreditarte más aún. No tienes ni idea en que pozo de mierda te vas a meter. Yo no podré ayudarte más hijo.
- Pero ellos me han dado un mensaje George, todos podemos ser puros, ellos poseen la tecnología para sacarnos de nuestras entrañas lo que nuestros antepasados nos condenaron a llevar.
- ! Te crees un mesías Jim, un iluminado, y no eres más que un loco que no sabes si lo que me estás diciendo lo has vivido, o , digamos, soñado ¡ me espeto George - pero da igual lo que yo piense. Escúchame bien, cabeza de chorlito, nadie te creerá, nadie. Y no dejaremos que esos traidores nos manipulen el cerebro.- sus ojos desprendían grande dosis de odio.
- ¿Soñado dices?, lo que tu digas George. - Me di medía vuelta y me dirigí a la salida por la que había accedido a la vivienda.
Sensiblemente afectado George se dejo caer en una de las butacas de la estancia y ya con voz calmosa me dijo - Jim, espera hijo, todavía no hemos acabado. – mirando al sobre me dijo - Me acaban de informar que te están buscando ya, no podrás escapar.
El robot hice un movimiento para acercarse hacia mi pero George le ordeno parar.
- No podré ayudarte más, vete ya y no vuelvas ni intentes contactar conmigo, será por tu bien.
- Adiós George. Y al irme comprendí porque siempre se había preocupado por mi, pero había algo más en su mirada.
Maldito George, ¿qué no me habías contado?.