
No debía medir más de 10 metros cuadrados y una altura de aproximadamente tres metros. Estaba totalmente cubierta de espejos, que en realidad no eran otra cosa que pantallas crisaleas, compuestas por millones de puntos de luz que una vez activado el programa de inicio el ojo humano era incapaz de detectar que se trataba de un efecto virtual. Nada de lo allí exhibido era real.