Capítulo 7

La misión
George Mully no había cambiado, estaba tal y como yo lo recordaba, un hombre corpulento y de mirada penetrante que parecía adivinar en todo momento el pensamiento de los que le rodeaban.
Su edad era difícil de calcular, pero rondaría en torno a los 150 años. Todavía le quedaban muchos años para dar guerra, como el solía decir. Desde siempre fue muy gracioso, le gustaba ponerse más años para que la gente le comentará lo bien que se encontraba. Si le preguntaras ahora diría que no menos de 170. La autocirugía o “hágase lo que usted quiera con su cuerpo” como algunos la llamaban, hacía maravillas en este final de siglo, para desgracia de los cirujanos, que luego se las veían y deseaban para arreglar los desaguisados que algunos se hacían dada la simplicidad para su uso, había que programar el instrumental y esperar. Y si no te gustaba como habías quedado, volvías a cambiarte. Y estaba claro que George no había estado en muchas ocasiones contento con los resultados ya que su piel evidenciaba los continuos injertos y el constante estiramiento al que se había sometido Como vestimenta y para esta ocasión exhibía una gran túnica de color marrón, que le cubría el cuerpo, del cuello hasta los pies y le daba ciertamente un aspecto distinguido. Tras recibirme cordialmente me agasajo con una placentera cena, bromeando en todo momento acerca de mi mejorado aspecto después de mis “vacaciones” en Marte. Me preguntó por el estado de mi brazo a lo que respondí con evasivas, no era algo de lo que me gustaba hablar. Procedimos a la Sala de Realidad Virtual, que según supe más tarde era de la ya desaparecida Dream Corporation. No debía medir más de 10 metros cuadrados y tenía una altura de aproximadamente tres metros. Estaba totalmente cubierta de espejos, que en realidad no eran otra cosa que pantallas crisaleas, compuestas por millones de puntos de luz que una vez activado el programa de inicio el ojo humano era incapaz de detectar que se trataba de un efecto virtual. Nada de lo allí exhibido era real. Estos “espejos” resolvieron el gran problema de las Salas Virtuales de finales del siglo XXI que al no ser compactos, permitían pasar a través de ellos efectos que permitían “engañar” al resto de los sentidos, ligeras brisas con olor a salitre, o escuchar el leve zumbido de una mosca. Todo ello supuso a la Dream Corporation colocarse en la vanguardia de las empresas de Realidad Virtual. Hasta que pocos años después se descubrió que aquellos espejos no solo trasmitían información a sus moradores, sino que además eran utilizados por elementos indeseables como una perfecta arma de espionaje. Estos espejos trasmiten lo que actualmente se llama “el ojo del diablo”, la posibilidad de poder escanear su señal y poder ver y escuchar a sus confiados inquilinos. Si tenemos en cuenta la moda que se instauró entre los ejecutivos de mantener allí sus reuniones podemos hacernos una idea del caudal de información que aquello supuso. La solución al problema llego de una forma muy sencilla. Todo aquel individuo que participara en aquellas escuchas o espionaje sería juzgado como criminal de guerra. Hubo varias ejecuciones y algunas muy sonadas. Asi se hacían las cosas en aquellos lejanos días. Los engorrosos cascos de las primeras generaciones de Salas Virtuales ya no se hacían necesarios. Tras ordenar que no se nos molestara nos cubrimos la cabeza del sol con las gorras de Béisbol que el nuevo programa de George incorporaba en su kit y ambos coincidimos en que una playa con palmeras era el lugar más apropiado después de tan copiosa comida. Mierda, hasta la brisa parecía real. Llegado el momento hablamos de mí ahora, concluida misión. Siempre había sabido que George formaba parte del Consejo de la Compañía, pero nunca llegué a mencionárselo ya que hubiera sido poco probable que hubiera reconocido su militancia y nuestra relación no habría sido la misma a partir de entonces. También sabía que cuando se contemplo la obligatoria necesidad de esta misión fue el quién convenció al consejo de que yo era el agente perfecto, entre otras cosas por el convincente argumento de mi experiencia con el Starblack, imprescindible para llevar a cabo esta misión. Como Gobernador en funciones en Marte le resumí brevemente los distintos puntos de mi misión. En realidad me encontraba ante el último examen de la Compañía antes de regresar. Seguro que pensaron que con George como interlocutor todo sería más fácil. Solo le conté lo que con seguridad el querría oír. No le conté gran cosa de mi relación con las Espaciales, solo los aspectos básicos. Sobre la destrucción de la empresa solo le dije lo que el ya sabía. Un robot se había vuelto loco por algún tipo de cortocircuito, eso dijeron los expertos y quién era yo para rebatirles ese tan contundente argumento. Llegado el momento pedí a George que me asegurará que lo que allí íbamos a hablar quedaría entre el y yo. Era evidente que era justo lo que el estaba esperando. Me contesto que por supuesto, que podía contarle lo que fuera que el sería como una tumba. Cínico de mierda, pero ese era su problema y el de su ya putefracta conciencia. 
Tags: cronicas futuro imperfecto marte espacio cf libro novela asimov Clarke
Meneame |
del.icio.us

